Una profundidad puede redimirte o puede condenarte,
puede naufragarte o puede sumergirte,
enloquecerte o contenerte.
Puede levantarte o puede hacerte caer en aljibes infinitos.
Una profundidad tiene eco
que retumba a tu alrededor
y hace que todo dance en derredor.
Te toca, tal vez, escapar airoso de su terror.
Una profundidad te otorga una claridad inminente, insospechada,
aunque también una oscuridad inmanente.
Una estrechez práctica
a cambio de una inocente consistencia teórica.
Una profundidad se vuelve a veces
una superficialidad de río turbio
que sólo asemeja por la noche altura
pero siempre gracias a la claridad de la luna.

Extraño estilísticamente, pero con una simpleza que me simpatizó, que no me enajenó del todo.
ResponderEliminar